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“En el estanque dorado” (Mark Rydell, 1981) PDF Imprimir E-mail
Noticias
Escrito por Zangol   
Continuamos con los "Clásicos del cine" con esta película que fue uno de los bombazos del año 1981 y compartió éxito en las taquillas  y los óscars con títulos como "En busca del arca perdida" o "Carros de fuego".

 

http://www.via-news.es/images/stories/cine/Resenyas/estanquedorado.jpgTítulo original: On Golden Pond
País: Estados Unidos
Fecha de estreno: 17/03/1982
Duración: 109 min.
Género: Drama
Reparto: Katharine Hepburn, Henry Fonda, Jane Fonda, Doug McKeon, Dabney Coleman, William Lanteau, Christopher Rydell
Guión: Ernest Thompson
Música: Dave Grusin
Fotografía: Billy Williams
Distribuidora: C.I.C. (Consorcio Ibérico Cinematográfico)
Productora: Universal Pictures, Incorporated Television Company (ITC), IPC Films
http://www.via-news.es/images/stories/puntuaciones/5.gif

“En el estanque dorado” se recuerda principalmente porque sirvió a Henry Fonda para conseguir su único óscar como actor principal a poco tiempo de su muerte y a Katherine Hepburn el cuarto como actriz principal y porque reunió en una misma película al patriarca de los Fonda con su hija Jane; pero realmente esta película es mucho más que eso.

Se trata de la adaptación de una obra de teatro que se había representado en Broadway y por ello se centra sobretodo en escenas basados en diálogos costumbristas de una pareja de ancianos (Norman y Ethel) con su hija (Chelsea) o con un chaval de trece años (Billy), hijo de la última pareja de Chelsea, que queda durante un mes con el matrimonio. Los diálogos son un muestrario de las relaciones humanas centradas en la vejez, con la muerte a la vuelta de la esquina, con la autoconciencia de que el tiempo y las fuerzas se agotan y a pesar de ello con la ilusión por asirse a la belleza de la vida (representada físicamente por el paraje natural al que hace referencia el título y emotivamente por la relación de Norman y Ethel) y con los conflictos generacionales como protagonistas de todos y cada uno de los resortes dramáticos del argumento.

No es una película de acción, no es una película con un argumento complejo, sino más bien todo lo contrario, hereda de la obra teatral el protagonismo de la palabra y el diálogo y multiplica sus efectos con la sutil profundidad expresiva de los gestos que en unos primeros planos fabulosos nos regala un reparto que está grandioso en sus actuaciones (inolvidable sobretodo Henry Fonda en su papel de “viejo bobo” cascarrabias). La adaptación del texto teatral es de hecho excepcional y gracias a ello Ernest Thompson ganó el tercer óscar para esta película que además estuvo nominada a mejor película, actriz secundaria, director, fotografía, sonido, banda sonora original y montaje y no ganó más porque este año la lista de contendientes en los premios de la Academia quitaba el hipo: “Carros de fuego”, “En busca del arca perdida”, “Rojos”, “Atlantic city” y “Ausencia de malicia”.

Este tipo de película no es de esas que despiertan pasiones entre cualquier tipo de público o no al menos como sí lo hizo aquel 1981 “En busca del arca perdida”, pero en sí misma es una película perfecta, que cuenta a la perfección lo que pretende consiguiendo emocionar profundamente y envolver al espectador en su atmósfera intimista y su tono poético. A parte de los actores, sin los que la película no sería la misma, destaca la dirección de Rydell, que logra el ritmo preciso para que narrativamente la película funcione sin caer en el aburrimiento, pero considero que son muy importantes la fotografía y la banda sonora para introducirnos en el ambiente con el que se pretende envolvernos, siempre con un tono lírico que multiplica el efecto de la vivencia existencial que propone la película.

El objetivo de esta película, su planteamiento, la acerca a un tipo de cine que fue muy característico en los finales de los 70’s y principios de los 80’s de corte existencial, a medio camino entre el drama y la comedia y que hablaba de algo tan trivial como las familias, sus conflictos íntimos, los dramas cotidianos para huir de un cine más grandilocuente y acercarse más a los espectadores, a la gente de la calle a través de los problemas del día a día. Un subgénero iniciado de algún modo por “Annie Hall”, “La chica del adiós”, “Kramer contra Kramer” o “Gente corriente” y que el tremendo éxito “En el estanque dorado” contribuyó a consolidar antes de que llegara “La fuerza del cariño”.

Es tremendamente difícil no dejarse atrapar por la atmósfera lírica de esta película gracias a la envolvente banda sonora de Dave Grusin (ideal para escuchar en calma y relejarse con total placidez), por los idílicos paisajes del estanque del título más dorado que nunca gracias a la fotografía crepuscular de Billy Williams, por los múltiples momentos irrepetibles que nos regala, no reconocer en los personajes a alguien cercano o a nosotros mismos o en los escenarios a algún lugar que un día nos dejó ensimismados con la belleza de la naturaleza.

Tras cada línea de diálogo, tras cada sutil gesto, que gracias a los actores contienen multitud de implicaciones, surgen en esta película multitud de contenidas emociones y en algunos momentos explosiones de intensidad incontenible como en ese preámbulo del final con Henry Fonda y Katherine Hepburn rostro con rostro que a modo de una bomba atómica emotiva consigue derrotarme cada vez que veo esta película, de hecho ya van tres veces y sigue lográndolo. Hay muchos instantes que te remueven por dentro: “¿Sabes viejo bobo?, eres el hombre mas encantador de la tierra, pero yo soy la única que lo sabe” y no sólo instantes, también miradas (en eso Henry Fonda y Kate Hepburn están sensacionales, aunque también los está Jane Fonda cuando por fin se decide a compartir con su padre algo tan trivial y a la vez importante para ellos como ese salto al agua hacia atrás).

“En el estanque dorado” sigue resistiendo como pocas el paso del tiempo y de mi propia evolución y seguro que supera más visionados cuando entre en la edad idónea para disfrutarla, lo que demostrará que, como ya intuyo, esta es una película profundamente emotiva, intensamente lírica, arrebatadoramente sentimental, melancólica y poética como hay pocas. Esta es una película para siempre y en ella vivirán siempre Norman y Ethel como quintaesencia de esos ancianos que un día tuvimos a nuestro lado o algún día seremos.

Un maravilloso homenaje a la vejez y a la vida, a Henry Fonda y a Katherine Hepburn.