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"127 horas" (Danny Boyle, 2010) PDF Imprimir E-mail
Noticias
Escrito por Zangol   

Repasamos otra de las películas destacadas del año pasado, que fue nominada a seis óscars entre los que figuraban el de mejor película y mejor actor, James Franco. A día de hoy ya casi todo el mundo ha visto una de las escenas más impactantes de los últimos años ¿La has visto tú?

*****
Título original: 127 hours.
Países: EEUU y Reino Unido.
Duración: 96 min.
Género: Drama.
Reparto: James Franco (Aron Ralston), Amber Tamblyn (Megan), Kate Mara (Kristi), Clémence Poésy (Rana), Kate Burton (madre de Aron), Lizzy Caplan (Sonja).
Guión: Danny Boyle y Simon Beaufoy; basado en el libro “Between a rock and a hard place”, de Aron Ralston.
Producción: Christian Colson, Danny Boyle y John Smithson.
Música: A.R. Rahman.
Fotografía: Anthony Dod Mantle y Enrique Chediak.
Montaje: Jon Harris.
Diseño de producción y vestuario: Suttirat Larlarb.
Distribuidora: Hispano Foxfilm.
Estreno en USA: 12 Noviembre 2010.
Estreno en España: 4 Febrero 2011.
No recomendada para menores de 12 años.

Si una película me ha sorprendido en la reciente carrera e los óscars ha sido “127 horas” no porque sea extraño en Danny Boyle y tampoco porque no lo esperara, sino porque en esa peculiar pugna entre lo que esperamos y lo que vemos finalmente gana de goleada y es que te sorprende, te “secuestra” al comienzo y ya no te “suelta” hasta que se acaba.

Hay que reconocer que Danny Boyle es uno de los directores más inclasificables y eclécticos de la actualidad. Su filmografía está trufada de películas de lo más variopinto en temática y argumento (“Transpoitting”, “La playa”, “28 días después”, “Sunshine”) y parece como si en todas ellas se autoimpusiera un nuevo reto. En esta ocasión era además un reto doble porque tras ganar 8 óscars con “Slumdog millionaire” en el 2008 no sólo debía cumplir sus propias expectativas sino también las de un montón de gente que esperaba su nuevo trabajo y no ha defraudado.

“127 horas” trata sobre un personaje real, Aron Ralston, un escalador y aventurero norteamericano, una suerte de Jesús Calleja ahora que tan de moda está “Desafío extremo” (investigad la programación de Cuatro, que aparece en ella y desaparece por sorpresa), que en 2003 se fue de fin de semana a recorrer un cañón al sureste de Utah y tuvo un percance que casi le cuesta la vida y que es el que cuenta la película. Aunque todo el mundo ha oído hablar de él porque es el “gancho” que se usa para ver el film no lo explico por si a alguien le coge de sorpresa, que supongo que el impacto será aún mayor si cabe.

Argumentalmente poco pasa, eso es cierto, se nos cuentan 127 horas en un lugar lejano del mundanal ruido; pero lejos de que tan pocos acontecimientos narrados nos aburran, Danny Boyle logra que sintamos un rosario de sensaciones y vivamos la experiencia del protagonista como propia disfrutando o sufriendo según toca.

El inicio de la película me parece memorable y adrenalítico. Uno ya intuye en él que Boyle va a usar todos los procedimientos técnicos, visuales y auditivos a su alcance para lograr sus propósitos. El montaje, que es un muy importante a lo largo de toda la película, y la banda sonora de A R Arman (ya colaboró con Boyle y ganó el óscar gracias a “Slumdog millionaire”) nos “meten” en situación. Es viernes y Aaron se prepara para pasar un fin de semana apasionante lejos de la ciudad en la que vive, suena “Never hear surf music again”, coge sus cosas sin un segundo que perder (atentos a esa aparentemente trivial sucesión de escenas en cadena porque se olvida de algo importante que Boyle nos enfoca en primer plano desde una posición de cámara inverosímil, otro de los puntos fuertes de la película) y sale en su coche para acercarse ya de noche a su destino, donde despertará para recorrerlo en bici o a pie, acompañado o solo como ha hecho decenas de veces. De pronto sientes desde la butaca un deseo irrefrenable de acompañar a Aarón en su aventura, es fin de semana, es el momento de disfrutar.

La fisicidad es muy importante, el sol, la noche, el frío y la forma en que inciden en el estado del protagonista se convierten de pronto en los personajes de la película. Para lograrlo Danny Boyle combina el estilo realista que está tan de moda en el cine actual de la cámara en mano con otro más clásico que nos cuenta las cosas desde la posición más elaborada para que no perdamos detalle. El montaje le permite saltar de una posición a otra o incluso juntar dos perspectivas en la misma imagen con el recurso de la cámara partida, a menudo utiliza grandes angulares para mostrarnos imágenes desde la perspectiva de una simple hormiga o la cámara parece elevarse hacia el cielo en grúa para mostrarnos una perspectiva a vista de pájaro. Me gusta mucho como ha trabajado todo eso Danny Boyle porque consigue dar dinamismo a lo que cuenta y además establece de forma implícita una comparación entre lo general y lo particular, entre el detalle y la visión panorámica, entre cómo ve Aaron lo que hace y como le vemos a él. Con alguno de estos, llamémosles, juegos visuales, nos damos cuenta como espectadores de cuán sólos podemos quedarnos en un momento determinado, de cuán minúsculos somos perdidos en la inmensidad de la naturaleza (esa escena en la que Aaron sufre el accidente y la cámara se eleva mientras grita para que veamos su posición desde arriba es espectacular) y también podemos “sentir” sensaciones que en cierto modo quedan ajenas a la experiencia del visionado de una película: el paso del tiempo, el frío, la soledad, la añoranza, la sed (por cierto, cada vez que Boyle nos muestra el interior de la cantimplora de Aaron me acordaba de algunas imágenes de “Réquiem por un sueño” de Aranofsky aunque sólo por el parecido estilístico).

“127” horas es en realidad más que una narración al uso, se trata de un proceso de aprendizaje y también una experiencia de la que se nos hace participes. Su importancia radica en lo que nos hace sentir y en lo que nos hace pensar y te cala más o menos en función de que vivas con mayor o menor intensidad lo que le pasa al personaje, un magnífico James Franco que logra expresar un sinfín de sensaciones en el tiempo que dura la película. Evidentemente hay un momento que todo el mundo comenta una vez vista, un suceso ante el que hay un antes y un después y que provoca el impacto definitivo en el espectador. Está audiovisualmente muy conseguido porque sobrecoge, te zarandea y te noquea puntualmente; pero lo mejor es que la película te lleva hasta ese momento haciéndote comprender que es la única vía posible, la única puerta de salida, el único modo de escapar de lo inevitable.

Pienso que, a pesar del fabuloso trabajo técnico de Boyle y su equipo con las cámaras y lentes, con la fotografía, el soundtrack y el montaje, que tiene su momento cumbre en el “suceso” del que todo el mundo habla y yo no diré (todo un ejemplo de lo que puede conseguir el cine que sintamos y que ha hecho que la gente vomitara, cierre los ojos o se vaya de la sala víctima de mareos y un agobio claustrofóbico) la gran baza de la película es una actuación memorable de su protagonista, que revive en propias carnes las circunstancias que vivió Aaron Ralston, haciéndolas suyas y transmitiéndolas con gran verosimilitud. Hay que tener muy en cuenta a James Franco, viene demostrando desde “Spiderman” que es un actor importante, aun cuando en la gala de los óscars se mostrara tan soso y desganado (esa sí que es una buena forma de que no te llamen más para presentar los premios, no como la de Ricky Gervais en los Globos de oro).

En definitiva una película atípica, distinta, que ofrece una experiencia a modo de montaña rusa anímica y que usa todos los recursos audiovisuales imaginables para lograr que el espectador sienta la aventura y también el calvario del protagonista (qué curioso, en cierto modo recuerda también a “Buried”, quizás han inventado un nuevo género). Puede gustar más o menos en función de que atraiga o no la experiencia, pero sin duda para mí ha sido una de las mejores y más sorprendentes películas del ya pasado 2010.

6 nominaciones a los óscars pero ningún premio: mejor película, actor (James Franco), guión adaptado, banda sonora, canción ("IF I rise") y montaje.